Un día, cuando era yo una niña, estaba rebuscando con ojos ansiosos de nuevas historias en la biblioteca de mi escuela, cuando me topé con este pequeño tesoro. Enseguida lo tomé y me lo llevé a casa. Cuando empecé a leerlo descubrí un nuevo mundo lleno de magia, aventuras y emociones sin fin. Adoraba a Aslan (cuantas lágrimas derramé por él en aquella escena en la que le cortaban la melena), me divertía con el señor Tumnus, detestaba a Edmund y temía a la Bruja Blanca. Se lo recomiendo a todos los niños del mundo, y a los adultos que, de alguna forma, siguen sintiéndose todavía niños.